En el blog me hago llamar Zipi
Del mismo modo que nunca me consideré futbolista, no me considero triatleta. No hago deporte, soy deportista. Es algo que tiene más que ver con bajo qué parámetros ves la vida.
¿Media naranja? Casi mejor medio limón, sal y tequila.
Vivo intensamente cada cosa que hago. Da lo mismo que sea un entrenamiento, una cerveza con amigos, una cita con una chica o una reunión de trabajo. En eso soy un Peter Pan, sigo pensando que en cada cosa que hago me va a pasar algo increíble.
Soy un buen motivador.
Mi hermano no es mi hermano de sangre, pero como si lo fuera. Si pienso en los momentos buenos o malos de mi vida Zape siempre andaba cerca dando por el culo. Me gusta saber que si alguien me tiene que limpiar la carbonera, ese será mi hermano.
A primera vista doy una imagen muy alejada de lo que realmente soy. Antes era algo que me preocupaba, ahora me importa más bien poco.
Si pienso en mi vida creo que sólo puedo presumir de familia y amigos. A veces me pregunto cómo coño siempre tengo la suerte de conocer gente interesante. Aprendo mucho de mi entorno y así siempre parece que sé algo. Soy un privilegiado.
No sé entrenar suave. Siempre lo doy todo. A veces calculo mal mis fuerzas y tengo petadas antológicas. Es parte de mi personalidad. Espero no cambiarlo cuando madure.
Si tengo que elegir un entrenamiento posiblemente sería cualquier de los que hacía con mi hermano y la gente del rocódromo. Lo echo de menos. Era la mezcla perfecta. Mucho desgaste físico, mucho buen rollo y sobre todo, muchos vaciles.
Es fácil saber cuándo tengo mal día. No hablo.
No tengo sueños deportivos. Todos los triatletas quieren ser finisher de un Ironman primero y luego poder ir a Hawai. Suena bonito, pero dentro de mí sé que me motiva más irme a Pirineos con Cacaito, Cacaita y mi hermano que irme solo a Hawai. No suena tan increíble, pero hacedme caso, es mucho más divertido.
Soy un tipo de ciudad. No sé tirar con una chimbera, no veraneé en ningún pueblo, no hice excursiones con la bici y no follé en el pajar. Soy urbanita.
Siempre he tenido dos referencias deportivas. Maradona, porque es un genio con el balón en los pies, y el pelotari Julian Retegui, porque creo que encarna la esencia del deporte: superación, sacrificio, hambre de victoria y cojones (muchos cojones).
Mi mejor cualidad es mi cabeza. Tengo la capacidad de imponer a mi cuerpo que haga cualquier cosa aunque le de pereza. También tengo la capacidad de motivarme con mucha facilidad. Voy reventado durante un entrenamiento de carrera e imagino escenarios, finales de maratones históricas y cosas así. Hace que no deje de apretar hasta que cumplo con lo que tenía que cumplir. ¿Riguroso? Posiblemente. Todos tenemos defectos.
Me hace gracia cuando la gente nos define como obsesos. A menudo creo que es una palabra que utilizan para justificar su pereza.
El blog es un modo de juntar dos de mis pasiones. Escribir y hacer deporte. Son cosas que hago desde siempre. Antes me daba vergüenza que la gente leyera mis cosas, posiblemente porque me preocupaba que gustaran. No hay nada peor que vivir pendiente de qué opinarán los demás. Siempre ando tratando de quitarme de esa droga.
Si me preguntaran como me veo dentro de cinco años diría que en Hollywood, haciendo escenas de cama con Angelina Jolie y pasando las tardes en la mansión PlayBoy. Eso no va a pasar, así que vivo al día.
Tengo pavor a perder a los que me rodean. Es algo que me obsesiona. Algún día debería ir a un loquero a que me trate, supongo.
Mi hermano es un tipo de persona en peligro de extinción. Pensamos muy parecido en casi todo pero con dos actitudes completamente opuestas. A veces tiramos de la cuerda cada uno para un lado, y parece que se va a romper. Posiblemente sea lo que nos una.

